jueves, 21 de enero de 2010

¿AYUDAR A HAITÍ?

Ante la tragedia sucedida en Haití, la reacción mundial, y de millones de personas, ha sido la de ayudar y/o contribuir con algo a paliar los desastrosos efectos del terremoto. El punto de partida es, en estos casos, la sensibilidad que sentimos los humanos por naturaleza ante otros con los que en ese momento nos identificamos de una u otra manera.

Como bien dicen los expertos del tema, el problema vendrá cuando Haití deje de ser noticia, porque con otras noticias, vendrá el olvido, y la vuelta al estado endémico de pobreza e infradesarrollo del país más atrasado y mísero de América (un 80% de paro en la población adulta, y un país completamente deforestado y arrasado). Surgirán otras noticias, y allá se irá nuestra atención y con ella nuestros esfuerzos y contribuciones si se trata de paliar tragedias.

Escucho en estos momentos argumentos y discusiones sobre si se debe dar dinero, si solo nos quedamos con la conciencia tranquila aportando unos euros, si no va a valer para nada, si este dinero se queda en el camino… etc,. Etc. y sobre todo, percibo "excusas" de todo tipo, cuando el riesgo máximo que corro aportando, es que mi ayuda no aporte. ¿es que no merece la pena correr ese riesgo? (comparado con otros, es nimio; nunca tendremos certezas y seguridades absolutas. ¿Y que?)

Creo que los países desarrollados tenemos una impresionante responsabilidad en lo que sucede en los que no lo están. Pero por otra parte, a nivel individual, tenemos también una importante responsabilidad en facilitar y ayudar en la medida que podamos, y de la manera que creamos, a que otros puedan vivir algo mejor. Tengo conciencia que siempre se podrá hacer algo más, pero si tendemos a este pensamiento, lo más seguro es que nuestro “perfeccionismo” nos impida aportar.

Asi que mi teoría y “acción” con respecto a este tema es que si podemos aportar económicamente algo para ayudar, lo hagamos. ¿Qué tengo dudas de qué se va a hacer con mi dinero? Pues es mi responsabilidad utilizar tiempo y energía en encontrar aquella asociación, organismo, institución, etc, que me merezca más credibilidad, a través de internet, referencias, conocidos…

Por otra parte, siempre es mejor algo que nada. Es mejor 1 € que 0 €. Por pequeña que sea la cantidad, no la minusvalores, porque esa cantidad, suma a otras, y además, cantidades ínfimas aquí, hacen milagros allí. Así que por poco que sea, dónalo!

Y además, hay otras maneras de contribuir, que son tan o más importantes que las económicas: puedo difundir un mensaje, colaborar con mi tiempo, escribir y compartir sobre ello, participar activamente en ongs y otras instituciones…

También me encuentro con frecuencia que muchas personas me dicen que “qué hago aportando a ongs que trabajan en el extranjero, con todo lo que hay que hacer aquí”. Efectivamente, en España hay muchas personas en situación de precariedad, y el quid de la cuestión es que uno tiene que elegir donde aporta sus limitados recursos. Así que el criterio personal será la vara de medir, y siempre lo podremos cambiar. Si el orden de prioridades para mi es que la gente no se muera de hambre o acceda a agua que se pueda beber, mi campo de ayuda prioritario no estará en España,. Sino en otros sitios donde sí existe el riesgo real de inanición o de no tener agua potable. Pero esto es una elección personal. Lo importante es que nunca, nunca, la parálisis por el análisis nos impida actuar con nuestro granito de arena en pro de aquellos a los que les hace falta.

Así te insto a que colabores, y además con continuidad, como puedas, y con lo que puedas, para que el mundo cada día esté mejor. Y aunque pienses que estás lavando de mala manera tu conciencia, mientras tanto, dona y/o aporta. Porque eso, suma.

Al principcio del post comentaba que el problema para Haití comenzará cuando entre en la curva del olvido . Y para paliar de alguna manera eso, te propongo que la mitad de lo que puedas estar pensando aportar/donar a la causa, lo orientes a conflictos, regiones, países, olvidados, que hoy y crónicamente están sufriendo lo mismo que las gentes de Haití (Darfur, Somalia, Bangla Desh, América Latina, El africa subsahariana, etc, etc) . Esto, una vez más, implica un pequeño trabajo de información y búsqueda, pero, ¿es que acaso no merece la pena?

La satisfacción personal parte del principio de contribución. ¡Honrémoslo!

martes, 12 de enero de 2010

EL LÍDER "BUENO"

¿qué te viene a la mente cuando escuchas la frase “es una buena persona”, o “es buena gente”?

¿crees que la bondad está de moda? ¿te suena “no es que sea bueno, es que es tonto”?

Hace ya 3 o 4 años, decidí que mi principal filtro para determinar de quien quería estar rodeado en la vida, era que ese "quien" fuera una buena persona. En otras palabras, el principal criterio con el que me rijo para relacionarme en profundidad, es precisamente ese.

Pero esta “norma”, donde la sigo más a rajatabla es en el mundo profesional. No me involucro en proyectos importantes ni me asocio, ni creo “joint ventures” si no es con buenas personas. Y después viene el que sean buenos profesionales, pero nunca antes. ¡Dios me libre del gran profesional que no es buena persona! (porque además esta afirmación es un imposible metafísico desde mi punto de vista)

Hemos vivido en una sociedad y en un sistema que ha denostado la bondad, como símbolo de debilidad, de sensibilidad, de falta de personalidad… Y si no, podríamos hacer un experimento. Si preguntáramos a muchas personas por alguien que consideran de éxito, ¿jugaría algún papel el que esos “elegidos” sean bondadosos? Probablemente, en muchos casos jugaría, de hecho, en contra.

Y así vamos por la vida. Nuestros modelos han sido personas de carácter, con carisma, que pueden tener muchas cualidades, pero no relumbra precisamente la bondad en ellos. Porque… ¿A dónde se puede llegar por la vida siendo bueno? En un sistema donde prima la desconfianza hacia el otro, la competitividad y el tener más, la bondad no es una cualidad para sobresalir, precisamente. De hecho, es un lastre.

Por mi parte,no estoy dispuesto a dejar de confiar en las personas (me prometí esto hace muchos años, y voy cumpliendo, incluyendo el aceptar los peajes que tengo que pagar) y de intentar practicar la bondad cada vez más.

Y no hablemos ya del mundo de la empresa. En los últimos tiempos se está descubriendo que el factor crucial del futuro, productividad, perdurabilidad y éxito de un negocio está basado en la calidad de sus lideres. Pues bien, en breve se va a estrenar la película “Invictus”, basada en el libro de John Carlin de reciente publicación, y que se refiere al líder mejor valorado del mundo: Nelson Mandela. ¿Y cual es la cualidad más remarcable que se han encargado de reseñar aquellos que han tenido el lujo de tratarle? Precisamente, que es una buena persona. En otras palabras, “su bondad”.

Parece ser que Nelson Mandela tiene la extraña (por escasa) cualidad, indispensable en un líder del siglo XXI, de mirar a la gente desde el respeto y a su ser esencial, grande, poderoso. Claro, es correspondido en general, y si no lo es, no le importa. Nelson Mandela emana bondad, y recibe bondad. Además de sus muchas otras cualidades. Pero la que resaltan todos, la que le hace especial, es esta. Curioso, ¿no?

Pues bien, reivindico para la empresa del siglo XXI al líder “bueno”. Porque claro, un líder bueno, no es un líder tonto. Es un líder seguro de si mismo, con un potente trabajo interior, muy proactivo, y que actúa desde su esencia, creyendo en las personas. Y por supuesto, que da resultados, genera lealtad, y facilita que el potencial que llevamos dentro surja, porque es un líder que respeta.

Y ahora, por parte de los “pseudolíderes”, habrá múltiples excusas y justificaciones para seguir machacando a las organizaciones, y sobre todo, a la gente que las compone:

- Yo no soy Nelson Mandela
- El mundo de los negocios es así
- Como vaya en ese plan me caen dobladas
- Eso suena muy bien, pero es para soñadores
- En la gente no se puede confiar…
- Etc, etc

Detrás de todas, lo único que se percibe es incapacidad, pereza, una falta de valentía atroz, inseguridad máxima, y tener unos “para qué” en la vida, por quedarme corto, completamente vacuos. Entiendo que esto suceda, porque es muy humano. Ahora bien, también aquí es donde se ve el coraje y la talla de nuestros líderes. cualquier jefe o responsable de personas que considere que la bondad no forma parte de su puesto, tiene serios problemas, dentro (de él) y fuera.

Y el cambio es posible. Existe los referentes. Hay líderes buenos (que son buenos líderes). Para ser un líder del siglo XXI, hay que empezar por la bondad, y luego seguir por las competencias emocionales y profesionales pertinentes. Pero que la bondad no falte! Porque si yo tuviera un jefe, querría que fuera buena persona, además de otras cosas. ¿O prefieres a las malas personas?
Así que quien no se pone a ello, detecta y practica la bondad que todos llevamos dentro, es porque no está dispuesto a pagar los precios que cree va a pagar. Una vez más, el progreso quedará en manos de los que se atrevan. Y creo firmemente que cada son más los líderes que están dispuestos a practicar la bondad.

El nuevo modelo de empresa del siglo XXI, al igual que muchas otras áreas del mundo y de la vida, está destinado a primar lo bueno del hombre. Cualquier otro marco de referencia será un engaño, y un paso atrás.

¿te atreves?