El objetivo de este blog es dar salida al exterior a mis pensamientos y reflexiones para el cambio, de manera que se provoque un debate donde se genere aprendizaje, crecimiento y solo haya un ganador: las personas
jueves, 24 de septiembre de 2009
NUESTRA MISERIA MORAL VS. LA DIGNIDAD HUMANA
Ahí es nada. En el siglo XXI, con nuestra sociedad tan avanzada, en el mundo de la tecnología , de internet, de la ciencia, de las pantallas lcd full hd de 40’ con 3 hdmi y sonido envolvente, del iphone 3GS y el nokia N97, de twitter, facebook, linkedin, de la guerra de las marcas tradicionales contra las marcas blancas, de los warrants, las acciones, los derivados, las sicav, los bonus, las pagas extras, etc, etc, existe este pequeño detalle: un 15% de la población mundial pasa hambre.
Daré otros datos para que tomemos conciencia de la magnitud de la tragedia: Este año, los países “desarrollados” sólo han confirmado 1779 millones de euros de los 4585 millones necesarios para alimentar a 108 millones de personas. Hemos recortado las ayudas humanitarias a causa de la crisis, a niveles de hace 20 años, que la directora del PMA (programa mundial de alimentos) de la ONU calificó de “receta para el desastre”. Y sobre todo, este último dato, que es el que más me estremece y que nos demuestra que si quisiéramos de verdad, se podría perfectamente acabar con todo esto de una vez por todas, porque medios y recursos había y hay: CON MENOS DEL 1% DE LO QUE LOS PAISES RICOS HAN GASTADO EN SALVAR LOS SISTEMAS FINANCIEROS SE PODRÍA SOLUCIONAR LA HAMBRUNA, CON ALGO MÁS QUE “SOLUCIONES A LARGO PLAZO”. ¡Menos del 1%! Imagínate un €, o un $. Gastando un céntimo del mismo, todavía nos quedarían 99 céntimos para nosotros! Ese es el tremendo esfuerzo que habría que realizar. Y pese a todo, no lo realizamos….
¿pero nos damos cuenta de lo que hablamos? ¡Hablamos de personas pasando hambre! Las personas necesitamos 3 cosas para sobrevivir, sin las cuales, no hay salida. Son las prioritarias, las fundamentales: aire, agua y comida. Y aquí estamos hablando de comida. O sea, una de las 3 que ponen en riesgo inmediato la vida, la supervivencia. Estamos hablando de morir de hambre. Creo que todos deberíamos pasar hambre de verdad dos o 3 días seguidos de nuestra vida para entender lo que es eso. Y también, que pasaran hambre nuestros hijos, padres, hermanos, para que sumáramos la sensación del hambriento a la desesperación de ver ese hambre en nuestros seres queridos. Otro gallo nos cantaría.
El caso es que al final, mi conclusión es que hemos montado un sistema que sólo beneficia a unos pocos (nosotros, los de los países desarrollados) y donde el resto de la humanidad ha sido empleado en mantener nuestro sistema de privilegios, gracias a un moderno estado de vasallaje, siervos de la gleba, semi esclavitud que permite que nosotros vivamos como vivimos. Por supuesto, ni que decir tiene que esto no es sostenible a medio plazo. Sólo por inteligencia y egoísmo deberíamos empezar a solucionar este tema, para poder mantener nuestro statu quo de privilegiados. Y ahora, yendo más allá del egoísmo, introduzcamos otros factores que creo van el el pack del ser humano, a veces tan profundamente hundidos en el anonimato que creemos que no están: la sensibilidad, la generosidad, la justicia, la solidaridad, la compasión, la gratitud, y en definitiva, la humanidad. ¡Esto es lo que debemos sacar a la luz ahora, todos! Y si no somos todos, pues hagámoslo de uno en uno, pero no caigamos en la falacia de que “yo solo no consigo nada”. Esa excusa es penosa.
Decía Antonio Marina que uno de los grandes avances del ser humano es que hoy nos damos cuenta mucho más que nunca de lo que hacemos mal. Y no basta con la toma de conciencia; hay que actuar, como diría Vicente Ferrer. Nos quejamos de la supuesta crisis de valores de los jóvenes, y lo que les estamos dando como ejemplo es una sociedad montada por los que nos precedieron y sostenida, apoyada y avalada por nosotros que permite, pese a que podría solucionarse, que 1000 millones de seres humanos puedan morir de hambre, para que nosotros vivamos no mejor, sino más cómodos.
Y como normalmente en estos casos se puede achacar al que escribe que critica y no propone, yo sí lo voy a hacer. Medidas concretas, algunas más efectivas a corto plazo, otras a medio y largo, para que tengamos, cada uno, influencia para cambiar, o ayudar a cambiar cosas (más la satisfacción de que por fin, posiblemente, hagamos algo importante en nuestras vidas).
Batería de propuestas
1. Pasar hambre 3 días seguidos para saber qué es eso. Propónselo a tu familia para que también se involucre. También es una forma de solidaridad
2. Separar el 10% de los ingresos mensuales que uno tenga (independientemente de su cuantía) para donarlos donde se considere (puede que no sea para paliar el hambre en concreto, pero se contribuye de todas maneras)
3. Alentar el debate en foros y redes sociales, para que cada vez haya más conciencia de este desastre
4. Escribir a los políticos, a los medios, y a los creadores de opinión, sistemática y continuamente, para que sepan que somos cada vez más los que consideramos estos temas, capitales y dignos de ser portada, comentario y noticia todas las veces que haga falta
5. Hacernos voluntarios para dar conferencias, charlas y talleres en los sitios donde más influencia podemos ejercer, de cara a educar a las nuevas generaciones; colegios, institutos, AMPAS (porque los padres tenemos la llave de la transmisión de todo esto a nuestros hijos)
6. Ser un ejemplo de congruencia de cara a los que nos rodean, con respecto a nuestra solidaridad
7. Acoger, apoyar y/o apadrinar a alguien que pase hambre de nuestro entorno más cercano (pobres, inmigrantes ilegales, gente que vive en la calle)
8. Exigir una casilla en la declaración de la renta donde podamos donar un tanto por ciento que nosotros decidamos a causas sociales
9. Pedir a todos los periodistas que en sus entrevistas introduzcan, por norma, una pregunta al menos relacionada con el tema del hambre, de cara al entrevistado
10. Ahorrar en la compra de la comida que consumimos habitualmente, y ese ahorro, donarlo. También puede ser renunciar a salir a cenar una noche y dedicar su importe y/o el tiempo a un fin social
Y miles y miles de opciones que podrían ocurrírsenos. Lo importante es que no podemos, no debemos permitir que esto suceda. Todos somos uno, y el daño que permitimos que les llegue a otros, nos llega también a nosotros. Esta en peligro nuestra dignidad, la dignidad del ser humano. Y eso sí es lo importante.
lunes, 14 de septiembre de 2009
UNA EXTRAORDINARIA EXPERIENCIA: EL CURSO “APRENDIENDO A SER LIBRES” DE RAMÓN CARBALLO
Ya ha pasado el verano. Y hoy me siento como hace mucho tiempo no me sentía: en paz, sereno, queriéndome a mi mismo, y sobre todo, más sabio y más libre. Este estado transformador de la realidad, se ha generado en una experiencia que he vivido hace 20 días y que posiblemente haya sido lo más potente que he hecho nunca de cara a mi evolución personal.
Durante 9 días de aislamiento en la sierra, de trabajo intensivo con uno mismo, y guiados por lo que para mi ha supuesto una persona muy sabia, un maestro de los que pocas veces te encuentras, he encontrado respuestas, he sanado muchas cosas, he limpiado a destajo, he perdonado, he crecido y me he encontrado con la esencia de mi mismo. Y todo esto provoca un estado de confianza, unas ganas de querer, unas ganas de dar, un sentido de armonía con todo lo que te rodea, que no tiene precio. De hecho, me parece que este es nuestro estado natural, cuando nos atrevemos a descubrirlo, a indagar en los “cómos” y sobre todo, a ponernos a ello.
Este curso es puramente emoción y experiencia, ya que el trabajo intelectual se hace antes. Y está basado sobre todo en: primero identificar y limpiar los mandatos familiares que hoy nos condicionan. Si hay una sorpresa mayúscula que me he llevado, es la esclavitud diaria y cotidiana a la que nos someten hoy, ya adultos, estos mandatos familiares: aquellos generados por nuestra madre y nuestro padre, culpables sin culpa de nuestras programaciones, que hoy influyen decisivamente en cómo vivimos la vida, como pensamos, y como sentimos.
Y una vez descubiertos, se procede a un proceso de limpieza, de perdón, y de paulatina liberación del ser esencial que llevamos dentro, y donde el intelecto (que es la única parte de nosotros mismos que es potenciada desde niños, y que se convierte en un tirano para las otras) pasa a jugar sólo el papel que le corresponde, y donde se concilia con el niño que también está dentro de nosotros, y que en la mayoría de los casos, se ha visto privado de lo que todos los niños necesitan más, y no nos han dado ni damos a nuestros hijos: el amor incondicional, o lo que es lo mismo: que nuestros hijos se sientan queridos pase lo que pase, hagan lo que hagan, sean como sean, y no necesiten como nosotros dejar de ser ellos para ganarse el derecho a pertenecer a las familias en las que han nacido. Esta es una lección que me llevo grabada a fuego para los míos. Como dice Ramón Carballo, palabra arriba palabrea abajo, “quiere incodicionalmente a tu hijo hasta los 14 años, y habrás forjado un adulto sano, sin neurosis (a diferencia de nosotros, que todos las tenemos), que se quiera a si mismo, pleno, libre y vivo”
La verdad es que el aprendizaje ha sido ingente, y las consecuencias de esta experiencia, grandiosas. Si me llevo una lección principal, es la del amor a uno mismo, a mi esencia, que me libera de dependencias, de necesidad de aprobación, del yo egoico que necesita que las cosas pasen como uno quiere, del querer tener razón para reafirmarse, del miedo a no ser querido, al abandono, a la soledad…. Por eso el amor a uno mismo, al ser esencial, único y grande que todos llevamos dentro, y que está conectado con los otros seres esenciales de los que nos rodean, es la clave de vivir libres. Y hoy, te puedo garantizar que me siento con menos miedo y más libre que nunca. Hay mucho trabajo por hacer, pero voy atisbando cada vez más diáfanamente lo que es la vida: amor, alegría y risa.
Pd: si quieres más info del curso, la encontrarás en la pág. Web http://www.ramoncarballo.es/